"Yo no puedo hacer nada. Era un aborto cuando nací. Me insultaron tanto que morí. Nací muerto. No puedo hacer nada. Estoy cansado. Ya no quiero seguir luchando. Vosotros podéis hacer algo. Me insultaron tanto que nací muerto. Para vosotros es fácil. Nací muerto y la vida fue dura. Estoy cansado. Cansado de hablar y de dar la cara. Llevo cincuenta y cinco años muerto."
"Tienen miedo de reír libremente. Sabéis una cosa, lo primero que me sorprendió de este lugar es que nadie se reía. ¿Me creeréis si digo que no he oído ni una sola verdadera carcajada desde que crucé esa puerta? Cuando uno no es capaz de reírse, pierde terreno."
"A derecha e izquierda ocurren cosas igualmente horribles: cosas alucinantes demasiado absurdas y extravagantes para provocar el llanto y demasiado ciertas para poder reírse de ellas; pero la niebla ya comienza a ser bastante espesa y no tengo que seguir mirando. Alguien me está tirando del brazo. Ya sé lo que ocurrirá: alguién me arrastrará fuera de la niebla y nos encontraremos nuevamente en la galería y no quedará rastro de lo que ha ocurrido esta noche y si fuese lo suficientemente estúpido para intentar hablar de ello a alguien, dirían: Idiota, sólo fue una pesadilla; cosas tan alucinantes como una gran sala de máquinas en las entrañas de una presa en la que obreros robots abren a la gente en canal no pueden existir.
Pero si no existen, ¿cómo se explica que alguien las vea?"
"Pero el recién llegado es distinto. Es distinto a todos los que han pasado por esta galería en los últimos diez años, distinto a toda la gente que han conocido fuera. Es posible que sea igualmente vulnerable, pero el Tinglado no lo ha atrapado.
¿Cómo logró escapar? Tal vez, como en el caso del Viejo Pete, el Tinglado no pudo ponerle a tiempo bajo control. Tal vez tuvo una infancia tan salvaje, siempre de un lugar a otro, por todo el país, sin pasar nunca, cuando era niño, más de un par de meses en la misma ciudad, que en realidad jamás llegó a sufrir las garras de una escuela; anduvo cortando madera, jugando, operando ruedas de feria siempre viajando y trasladándose con tanta frecuencia que el Tinglado nunca tuvo oportunidad de instalarle un control. Es posible que sea eso, que el Tinglado nunca tuvo una oportunidad, como tampoco ayer ese enfermero tuvo oportunidad de acercársele con el termómetro, porque es difícil darle a un blanco en movimiento."
"Fue demasiado para ellos: Dieron media vuelta sin decir palabra y se marcharon en dirección a la carretera, con la nunca enrojecida, mientras nosotros nos reíamos a sus espaldas. A veces me olvido del gran poder de la risa."
"Tienen miedo de reír libremente. Sabéis una cosa, lo primero que me sorprendió de este lugar es que nadie se reía. ¿Me creeréis si digo que no he oído ni una sola verdadera carcajada desde que crucé esa puerta? Cuando uno no es capaz de reírse, pierde terreno."
"A derecha e izquierda ocurren cosas igualmente horribles: cosas alucinantes demasiado absurdas y extravagantes para provocar el llanto y demasiado ciertas para poder reírse de ellas; pero la niebla ya comienza a ser bastante espesa y no tengo que seguir mirando. Alguien me está tirando del brazo. Ya sé lo que ocurrirá: alguién me arrastrará fuera de la niebla y nos encontraremos nuevamente en la galería y no quedará rastro de lo que ha ocurrido esta noche y si fuese lo suficientemente estúpido para intentar hablar de ello a alguien, dirían: Idiota, sólo fue una pesadilla; cosas tan alucinantes como una gran sala de máquinas en las entrañas de una presa en la que obreros robots abren a la gente en canal no pueden existir.
Pero si no existen, ¿cómo se explica que alguien las vea?"
"Pero el recién llegado es distinto. Es distinto a todos los que han pasado por esta galería en los últimos diez años, distinto a toda la gente que han conocido fuera. Es posible que sea igualmente vulnerable, pero el Tinglado no lo ha atrapado.
¿Cómo logró escapar? Tal vez, como en el caso del Viejo Pete, el Tinglado no pudo ponerle a tiempo bajo control. Tal vez tuvo una infancia tan salvaje, siempre de un lugar a otro, por todo el país, sin pasar nunca, cuando era niño, más de un par de meses en la misma ciudad, que en realidad jamás llegó a sufrir las garras de una escuela; anduvo cortando madera, jugando, operando ruedas de feria siempre viajando y trasladándose con tanta frecuencia que el Tinglado nunca tuvo oportunidad de instalarle un control. Es posible que sea eso, que el Tinglado nunca tuvo una oportunidad, como tampoco ayer ese enfermero tuvo oportunidad de acercársele con el termómetro, porque es difícil darle a un blanco en movimiento."
"Fue demasiado para ellos: Dieron media vuelta sin decir palabra y se marcharon en dirección a la carretera, con la nunca enrojecida, mientras nosotros nos reíamos a sus espaldas. A veces me olvido del gran poder de la risa."
No hay comentarios:
Publicar un comentario